El vino siempre marida con...
Con que ?? Esa es la pregunta que suele tener la misma respuesta... con comida, pero en el texto de hoy, les cuento otra cosa, junto con algún pedacito de mi libro...
Hoy... Un dia bastante nostálgico y mientras la lluvia hace lo suyo, miro otro capítulo de Drops of God, un manga (cómic japones) hecho animé que pueden ver x Crunchyroll y que AppleTV adaptó en live acción, la cual vi apenas salió y despues encontré la versión original que hoy me mostró que un vino a veces no marida con la comida solamente, marida con el día, con tus emociones, con tus problemas y soluciones, no solamente se puede enaltecer a través de la comida, sino ser tu compañero, tu guía de viaje, tu fiel escucha y consejero.
El vino no es simplemente una bebida, es muchas cosas y cumplirá el rol que necesites que cumpla.
A diferencia de casi cualquier otra bebida, el vino nace, evoluciona en la botella, respira cuando lo abres y cambia a medida que pasa el tiempo en la copa. Esa naturaleza dinámica es la que le permite sostener un diálogo directo con la subjetividad de quien lo bebe.
Es un catalizador de la memoria: El vino guarda el clima, la tierra y el año en que fue embotellado (el terroir), pero cuando lo sirves en un día lluvioso, absorbe también tu propio clima interno. Una misma cepa puede saber amarga en la soledad o reconfortante en la nostalgia, porque actúa como un espejo de la mente.
Marida con el momento espiritual.
Como bien vi en Drops of God, el vino había que descubrirlo mediante una nota de cata netamente emocional que dejaba el padre del protagonista (no quiero spoilear) y es donde me encontré tomando unas burbujas sin comida y pensando en cuantas veces he descorchado un vino al ponerme a leer o a escribir...
Entonces encontras que la gastronomía busca la armonía organoléptica (ácido con graso, dulce con salado), pero la vida busca armonía emocional. A veces necesitas la estructura firme de un Cabernet para infundirte fortaleza, o la sutileza ligera de un Pinot Noir para acompañar la melancolía sin abrumarla.
Y eso me llevó a ir recordando que hace años, disfrutaba del vino sin hacer maridaje con comida necesariamente, ojo, si comía pero después era mas de quedarme con música, escribiendo o leyendo mientras la copa estaba acompañándome...
Hoy comprendo que el mejor maridaje no siempre está servido en un plato. A veces, la combinación perfecta es simplemente una copa a medio llenar, la lluvia afuera y el silencio exacto que necesitabas para encontrarte."
Chin chin.!!

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